Contra las cuerdas

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Me observas fijo, tan fijo que la ira se hace visible en tus ojos oscuros; puedo sentir como los restos de tu fingida compostura desaparecen en el ceño fruncido de tu cara. Te veo apoyarte contra las cuerda rojas, del lado derecho del cuadrilátero y en un dejo de nostalgia quizás, las comenzas a acariciar con las yemas de los dedos, como si ellas fueran una vía de escape de la realidad. Como si perdiéndote en tus recuerdos de boxeador estrella, de glorias cuasi olvidadas, pudieras encontrar un poco de paz. Pero es imposible para vos, para tu ego machista y dominante. Poco a poco, la comisura de tu boca se curva despacio, cambia y  se transforma en aquella mueca torcida, tan lastimosamente conocida para mí. Te molesta mucho, lo sé. El aire entre los dos se vicia y nos ahoga en el silencio que configura mi respuesta ante tanta negatividad de tu parte. Entonces escupís tu veneno. Me repetís con tu voz ronca que no sirvo para ser actriz, que es una pérdida de tiempo absoluta. No te entra en la cabeza que estoy creciendo, y que necesito jugármela por un deseo que vive dentro de mí desde que tengo uso de razón. Quiero equivocarme papá. No me importa si no me sale. Si me cuesta. Si soy rechazada o humillada. Necesito intentarlo una y mil veces. No determines con tanta seguridad lo que el futuro tiene reservado para mí.

Me acerco a vos despacio, con los collares y las plumas de colores tornasolados resaltándome la piel clara. Convertida en un mamarracho, como dijiste vos, e intento por última vez convencerte de que me acompañes a mi primera audición. Te miro con la intensidad propia de quien no tiene miedo. Nos repelemos papá y aunque muy en el fondo te gustaría alentarme, sé que no vas a hacerlo. Te gana el orgullo. Ese estúpido orgullo que nos aleja a pesar de estar del mismo lado del ring.

Entre mariposas y lunas…

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Quisiera volar tan alto, en las estelas desvanecerme…

Quisiera seguirte el paso y a la vez dejar de caminar cerca tuyo.

Mientras los colores se difuminan en un cielo que sangra y duele.

 

Me gustaría perderme en un corazón solitario; renacer en un haz de luz.

Quisiera que los otros vieran cuanto extrañas mi presencia.

Que vean cuanto deseo ser la realidad que tanto anhelas.

 

Necesito despertarte del letargo; alcanzarte.

Entre mis dedos invisibles hilvanar un sinfín de posibilidades.

Hacerte llorar, equivocar, y sonreír por lo bajo.

 

Quiero que creas en mi de nuevo.

Por favor, no me dejes ir.

Entre mariposas y lunas te aguardo siempre.

No lo olvides.

 

Tu sueño.