Y el sueño entonces, es posible.

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En busca de la eternidad inalcanzable, de la humanidad inexistente.

Peregrinaje a aquellos lugares comunes donde somos uno.

Conozco los pensamientos mundanos; el frágil deseo de felicidad.

Sueño, entonces.

Con hallar unos versos tuyos en medio de la soledad.

 

Seres y reflejos de días lluviosos confluyen en el vivir cotidiano.

Falsos diluvios se arremolinan en mi mente confundida.

Nos encontramos inevitablemente en las calles de este Buenos Aires marchito.

La realidad se hace eco de la imaginación contenida.

Nos volvemos a amar, sin esperar que nadie nos añore.

 

Tu mano  y la mía no saben de tristezas ni de olvidos.

Escuchamos, atentamente, la melodía de un viento que nos llama.

Mientras tu boca desdibuja los bordes de la mía.

Mientras las hojas vuelan libres en el gris etéreo del cemento.

 

Despierto a tu lado.

Tu mirada no se aleja, no me esquiva.

Y el sueño entonces, es posible.

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