Acababa de llover

Estándar

rain

Acababa de llover. La canchita estaba llena de barro, pero poco nos importó a mis amigos y a mí. Jugamos igual al fútbol, poniendo el alma en cada jugada, en cada amague con la pelota de trapo. Esa tarde nublada fue gloriosa para mi equipo. Habíamos ganado dos a cero, y uno de los goles lo había hecho yo. Lleno de alegría, fui corriendo rápido por las calles de tierra, todo embarrado, para contarle a mamá mi proeza.
-Mamá, mamá, ganamos el partid…- no continué mi relato, porque adentro estaban unas vecinas, junto a mi hermana Josefina y mi tía Isabel. La preocupación era evidente en sus rostros. Mi madre estaba recostada en el catre, con los ojos entrecerrados. Su frente estaba llena de sudor, y su semblante, tembloroso. Luego de unos minutos, con la ayuda del marido de Nelly, una de las vecinas, la llevaron al hospital del pueblo. El tiempo pasaba lento y las novedades no llegaban. Lo único que hacía era repetir una y otra vez que quería verla, le pedía a Josefina que me llevara con ella. Después de varias horas, que se hicieron eternas, el doctor apareció finalmente.
-No se pudo hacer nada…la infección estaba muy avanzada.- Con una mirada significativa, observó a todos los presentes- ella falleció. Lo siento mucho.
Que frías resonaron esas palabras en la salita de espera. Que frías y que distantes retumbaron en mi cabeza esas palabras, desgarrándome el alma a tan temprana edad.
Mi tía Isabel intentó consolarme, pero no quise escucharla. Me alejé corriendo, sin derramar ni una sola lágrima. Lejos, tan lejos como pudiera.
No, no podía ser… mi mamá no me podía haber dejado solo. Ella, quien trabajaba duro para que nada nos faltara, la mujer que cosía y cosía sin parar, la de la sonrisa franca. No podía ser cierto.
No lloré; no quería aceptarlo. La noche me envolvió por completo y las estrellas con su brillo de siempre parecían ignorarme. Después de una intensa búsqueda me encontró Marcos, el almacenero de la cuadra; yo estaba acurrucado en un rincón de una casilla abandonada. Me acarició la cabeza y me dio unos chocolates, de esos que tanto me gustaban, y en silencio me llevó de regreso con mi hermana y mi tía.
El sol despuntaba en lo alto del cielo. Ya era hora. Sólo cuando vi el ataúd humilde de madera siendo enterrado, cuando vi su pequeño retrato junto a la cruz, sólo entonces fui capaz de reaccionar.
Todos los momentos valiosos vividos a su lado, el trabajo compartido, cuando me acompañaba a la escuela, las comidas preparadas por sus manos, su voz…
-¡Mamá, no te vayas! ¡Mamita, no me dejes, por favor!- grité con todas mis fuerzas, mientras las lágrimas calientes brotaban de mis ojos. Quise aferrarme al ataúd; no me dejaron. Ella ya estaba muy lejos…en un lugar donde yo no podía alcanzarla.

Pasaron muchos años desde esa noche triste. Me fui de mi pueblo natal y construí una vida en la ciudad de Buenos Aires. No obstante, la añoranza por tantos recuerdos me hizo volver. Con mi familia, decidimos visitar el cementerio y mi hija Luz colocó unos lirios azules en la tumba de mi madre.
Al ver de nuevo la foto borrosa de su retrato junto a la cruz, es que empecé a comprenderme un poco más a mí mismo. Siempre fui incapaz de expresar mis emociones; tal vez por esa pérdida tan dolorosa de mi infancia. Sin embargo, ese día era diferente. Mi mujer y Luz me abrazaron, cariñosas. En aquel instante, sin poder evitarlo, las lágrimas calientes volvieron a rodar por mi rostro, como aquella vez, a los diez años. Pero el dolor se había desvanecido. Sólo permanecía vivo dentro de mí su amado recuerdo…tu hermosa sonrisa, mamá.

Renacer

Estándar

unnamed (2)

Mi voz ya no busca los cielos que alguna vez te tocaron el alma.
Necesita desprenderse de aquel reflejo de luna que nos vició la razón.
Callarse la tristeza y avanzar hacia los puentes que nos dividieron.
Y en el murmullo incesante de la hojarasca develarte el secreto.

Amor…
Extraño la sensación del viento rozando nuestra intimidad.
Condena absurda que me arrebata la sencillez de tu sonrisa.
Pero es vital seguir el camino del adiós.
Penando me desligo de mi ser y respiro profundo en el frío nocturno.
Sin ataduras ya, soy capaz de comprender esta nueva realidad.

Amor…
Te recuerdo y al mismo tiempo te olvido.
Para que los restos de lo que ya no soy renazcan en otra parte.
Te recuerdo y al mismo tiempo te olvido.
Para que una canción atraviese los latidos que dejaron de existir.

Melodía olvidada

Estándar

lost-love-drawing-22

Una melodía olvidada se escapa de esos labios tristes.
Y puedo distinguir la soledad en aquellos ojos de ceniza.
Serenidad palpable en medio del silencio; el viento que nos despide.
Un mundo girando en un tiempo que nunca espera.

Lágrimas grises se delatan en la oscuridad que me abraza.
Y esa ternura de estelas que deseo encontrar me ciega.
Descifrarte los pensamientos; vislumbrarte el alma.
No alcanzan las voces para recuperar lo que perdimos.

Si pudieran devolvernos ese dejo de nostalgia.
Esa dulzura que nos susurró al oído la primera vez.
Si tan sólo fuera posible hallarnos en la sombra del hoy.
Fases de lunas eternas que me recuerdan lo que fuimos.

Una melodía olvidada se escapa de esos labios tristes.
Y puedo distinguir la soledad en aquellos ojos de ceniza.
Vagando en noches absurdas, en oscuridades mundanas.
Un amor girando en un tiempo que nunca espera.